DÍA DE MUERTOS

 

El hombre se ha encontrado siempre con cuestiones que le son incomprensibles.

A ellas les ha dado explicaciones que van desde lo mágico y religioso a lo científico.

 

Entre los misterios que rodean su existencia han sido fundamentales la vida la muerte, y los que de ellos se derivan, como el destino del hombre después de la muerte el deseo de trascender en el tiempo.

 

En esta búsqueda de respuestas, en estas preocupaciones que son universales, la espiritualidad, la imaginación, el arte y el fervor que ha vertido el mexicano el culto a los muertos, alimentan nuestra vida ritual. Entender y festejar ala muerte se torna un rasgo muy marcado de nuestra identidad.

 

Los mexicanos somos un pueblo memorioso que conserva sus tradiciones y las ejerce. A lo largo del tiempo la fiesta a los muertos mantiene sus aspectos básicos y va sumando nuevos elementos.

 

Epoca Prehispánica

 

Para los antiguos mexicas la muerte no tenía las connotaciones morales de la religión católica, en la que la idea del infierno y paraíso sirven para castigar o premiar la conducta de lo individuos. Por  el contrario, creían que los rumbos destinados a las almas de los muertos estaban determinados por el tipo de muerte que habían tenido, mas no por su comportamiento en vida.

 

El paraíso del dios de la lluvia

 

Una de las direcciones que tomaban las almas de los muertos era el Tlalocan o paraíso del dios de la lluvia, Tláloc. Este el sitio estaba reservado para aquellos que morían  en circunstancias  relacionadas con el agua: los ahogados, los muertos por el rayo ,los que morían de enfermedades  como la gota ,la sarna la hidropesía o las bubas ,y los niños sacrificados a  Tláloc. El Tlalocan era un lugar de reposo y de abundancia, lleno de comida, fresco y ameno. Aunque los muertos  eran usualmente incinerados, la ceremonia  con los predestinados al Tlalocan era distinta, pues sus cuerpos eran enterrados, como las semillas, para  luego germinar .           

 

El reposo del guerrero

 

Otro lugar de reposo era el Omeyocan, paraíso del sol regido por Huitzilopochtli,el dios de la guerra. Ahí llegaban sólo los que morían en combate, los cautivos que eran sacrificados  y las mujeres que morían al dar a luz; éstas, llamadas Mocihuaquetzque , mujer valiente, era equiparadas a los guerreros, pues se consideraba que ,al igual que ellos, desarrollaban una gran batalla, la de parir ,por lo que tenían un final tan promisorio como los muertos en combate. tomando en cuenta  que la mexica era una sociedad guerrera, podemos pensar que este trato era una exaltación del papel de las mujeres. A ellas se las enterraba en el patio del palacio a la hora en que el sol se ponía, ya que los acompañarían  desde el cenit hasta su ocultamiento. La muerte de estas mujeres daba tristeza y a la vez alegría ,pues se pensaba que gracias a su valentía el sol las llevaba consigo. Por ello las parteras les dirigían las siguientes palabras: Habéis ganado con vuestra muerte La vida eterna, gozosa y deleitosa con las diosas que se llaman Cihuapipiltin, diosas celestiales. Pues idos ahora, hija mía y muy amada nuestra, Poco  a poco para ellas y sed una de ellas...

 

El Omeyocan  era un lugar de permanente gozo donde las flores no se marchitaban .Ahí las almas pasaban una vida deliciosa  ;diariamente festejaban el nacimiento del sol y le acompañaban con himnos, bailes y música. Los difuntos destinados a este cielo solar, después de cuatro años

 

Tenían una transformación que permitía su trascendencia y su vuelta al mundo de los vivos, pero ahora convertidos en aves de plumas multicolores.

 

Morir peleando era para los aztecas la mejor muerte, una muerte  deseada.

 

Por paradójico que parezca, había un sentimiento de esperanza  dentro de la muerte, pues ella otorgaba la posibilidad  de acompañar al sol en su diario nacimiento y trascender como pájaros. Por ello  el poeta cantaba: Nada como la muerte en guerra, Nada como la muerte florida ¡lejos la veo: la quiere mi corazón!

 

El camino de los que murieron de muerte natural

 

El tercer destino de los muertos era el Mictlán, reservado para quienes morían de muerte natural. El Mictlán  era habitado por Mictecacíhuatl, dioses de la muerte. Era un lugar oscurísimo, sin ventanas, del que ya no salían las almas de los muertos.   

 

El camino de las almas destinadas al Mictlán  era muy complejo, pues durante cuatro años debían transitar por distintos lugares antes de llegar al Chignahuamictlán,lugar donde descansaban o desparecían las almas de los muertos. Para realizar toda esta ruta el difunto era enterrado con un perrito que lo ayudaría a cruzar el río, y así llegar ante Mictlantecuhtli, a quien entregaba, a manera de ofrenda, manojos de teas y cañas de perfume, algodón, hilos colorados y mantas. Los muertos del Mictlán  recibían como ofrenda cuatro flechas y cuatro teas atadas con hilo de algodón .

 

Los niños muertos tenían un lugar especial, Chichihuacuauhco, donde había un árbol de cuyas ramas goteaba leche, con la cual se alimentaban.

 

Los niños que llegaban aquí volverían a la tierra cuando se destruyese la raza que la habitaba. Así, una vez más, de la muerte se generaría la vida.  

 

Los entierros

 

Los entierros entre los aztecas eran también  diversos. Si correspondía  a un mercader se le enterraba vestido y envuelto en mantas y plumas, con piedras preciosas, pieles de tigre, joyas de oro y comida, porque estás eran las mercancías que  comerciaba. Al hombre común se le enterraba envuelto en mantas  de plumas y papel, con jícaras de carne guisada, maíz frijoles para que tuviera que comer en el camino. Los funerales de los guerreros eran algo especial. Para ellos se preparaba una solemne ceremonia en la plaza. Los ancianos, portando sus escudos y sus bastones entonaban himnos fúnebres acompañados del Teponaxtle. La ceremonia se dedicaba al sol, pues los guerreros muertos en campaña eran sus hijos. Tan importantes eran estos funerales, que después de cuatro días se creaban figuras  que semejaban  a los muertos; les hacían los ojos y la boca con papel les ponían plumas, bezotes y orejeras. Las figuras  se colocaban en un salón donde las viudas  iban a ofrecerles comida y tortillas, cubrían el suelo con petalos de  flores y encendían copal. Para terminar la ceremonia quemaban  las figuras en una gran hoguera: las viudas lloraban mientras los ancianos les dirigían palabras de consuelo. Si se trataba de un Tlatoani o gobernante, el entierro era algo supremo. En tal caso los sacerdotes entonaban cantos fúnebres o Miccuícatl, había banquetes, los esclavos del personaje eran sacrificados para que los acompañasen y sirviesen  en el otro mundo, y se edificaba una tumba muy alta . para que no pasase pobrezas se le enterraba  con sus joyas, mantas y plumas. Se  hacía una procesión en la que acompañaban al fallecido sus viudas parientes y amigos. El cadáver era incinerado, aromatizando la hoguera con copal, y se hacían ceremonias durante los ocho días siguientes.

 

Nada perdura en la tierra 

 

¿ Acaso de verdad se vive  en la tierra?

No para siempre en la tierra: sólo un poco aquí.

Aunque sea jade se quiebra

Aunque sea oro se rompe,

Aunque sea plumaje de Quetzal se desgarra,

No para siempre en la tierra: solo un poco aquí.

 

Las ofrendas  

 

Los enterramientos  eran acompañados de ofrendas con objetos que en vida había utilizado el muerto,  o bien  con objetos  que podía requerir en su tránsito al inframundo, como vasos y ollas, o adornos como orejeras de obsidiana, narigueras de jadeíta o concha nácar, caracoles, floreros y vasijas con forma de animales. La elaboración de  objetos con motivos fúnebres en el México prehispánico  fue abundante, y éstos solían  integrarse  en la ofrenda mortuoria. Un  ejemplo  de ello son los vasos policromados mayas de Chamá, en los que aparecen  animales nocturnos subterráneos. También había  instrumentos musicales de barro como pequeños timbales y sonajas en forma de calaveras. Además se realizaban representaciones escultóricas de los dioses vinculados a la muerte, de cráneos  en materiales como piedra, cristal de roca y jade, braseros, urnas  e incensarios con motivos mortuorios.

 

En los ritos relacionados con los muertos era frecuente ofrendar los llamados Tzomplanti, que consistían  en hileras de cráneos (ensartados por unas perforaciones que les hacían en los parietales) de los que habían sido sacrificados en honor a los dioses, como se usaban para significar la conclusión de un ciclo de 52 años y marcar el inicio de otro, los Tzompantli se solían colocar como representaciones escultóricas en lugares prominentes, cerca de los templos principales.

 

Las   fechas

 

Para los mexicas las festividades en honor de los muertos eran tan importantes que les dedicaban dos meses.  Durante el mes llamado Tlaxochimaco se efectuaba la celebración denominada Miccailhuitontli, o fiesta delos muertitos, hacia el 16 de julio, que se iniciaba cuando cortaban el bosque el Xócotl, un árbol al que quitaban la corteza y le ponían flores a manera de adorno.

 

Por ello la representación del mes es un cadáver amortajado y unos hombres arrastrando el Xócotl. En el festejo participaban el pueblo y los señores principales, y se hacían ofrendas al madero durante veinte días.

 

En el décimo mes del calendario azteca   se celebraba la Ueymicailhuitl o fiesta de los muertos grandes; esto ocurría  hacia el 5 de agosto, cuando se decía que Xócotl viene a caer. Era una celebración muy solenme y e ella los sacerdotes vestían sus trajes más suntuosos. En el festejo se realizaban procesiones que terminaban con rondas de personas en torno del árbol. Para la ocasión  se hacían sacrificios de muchos hombres y se organizaban grandes comidas. Luego ponían una figura de bledo en lo alto del  madero y hacían una danza vestidos con plumas y cascabeles. Finalmente los jóvenes subían al palo y arrancaban la figura del bledo, tiraban el Xócotl y terminaba la fiesta.  La representación de este mes era un cuerpo amortajado. En esta festividad la gente recordaba a sus seres queridos ya muertos, poniéndoles altares con ofrendas. 

 

Epoca actual

 

En algunos hogares de México se prepara el altar de muertos para el difunto de la casa. Se colocan objetos que la persona disfrutaba en vida.

 

Su fotografía ocupa el lugar principal del altar, a su alrededor se colocan los platillos que más le gustaban, sus cosas predilectas como un libro, cigarros, hasta la botella de licor que prefería. "...pues el difunto podria volver ese día a la casa y hay que atenderlo bien".

 

También se colocan algunas imágenes religiosas. Las flores de "Tzempaxuchitl", las calaveritas de azúcar y el Pan de Muerto; son parte de la tradición antigua.

 

El copal y el incienso invaden el aire y le dan un olor más místico. Ya en la noche, las velas o veladoras son encendidas en espera del ser querido que vendrá a visitarnos. 

 

Los significados del altar

 

La actual ofrenda de muertos contiene muchos elementos que confirman las costumbres que nuestro pueblo realiza desde tiempos inmemoriales.

 

Los alimentos constituyen  uno de los componentes principales de la ofrenda. Su función es básicamente complacer los gustos gastronómicos de las almas que regresan  al mundo. Uno de los platillos más recurrentes  es el suculento mole de guajolote hecho a ase  de distintos tipos de chile, jitomate, cacahuate y chocolate. Hay que resaltar que en la cocina campesina y en los pueblos indígenas este platillo se considera fiesta, por lo que siempre está presenta en la  ofrenda.

 

La comida y los dulces

 

Otros alimentos que aparecen de manera constante  en las ofrendas de todo el país son los tamales, preparados con distintas técnicas, ingredientes y sabores, dependiendo de cada región.

 

En Tabasco se hacen tamales  de masa con chipilín, de chile, de pejelagarto, de pigua (camarones de río) y de chaya. En Yucatán se acostumbra el mukbilpollo, preparado a base de carne de pollo o de cerdo, con achiote, sal tomate y epazote, en hoja de plátano. En Puebla se preparan los tamales blancos de masa  con manteca y sal  y también los de haba en hoja de aguacate. En Guanajuato se elabora el tamal de muerto con maíz azul, al que se agrega queso y chile ancho. En Michoacán hacen los uchepos de maíz tierno, por lo que son dulces, y si se condimentan con canela y mantequilla quedan deliciosos. En el Istmo de Tehuantepec  se comen tamales de iguana.

 

Dependiendo de cada tradición  culinaria, por todo el país  se multiplican  las posibilidades de hacer este platillo.

 

El pan es uno de los alimentos siempre presentes en la ofrenda. En estas fechas  se prepara el llamado pan de ofrenda o pan de muerto, hecho con harina de trigo, azúcar, huevos, anís y levadura; los expertos panaderos mexicanos le dan forma redonda, lo adornan con figuras de huesos cruzados y lo espolvorean con azúcar.

 

Hay muchos otros panes que se elaboran con motivo de esta festividad. En Chiapas se acostumbran los turuletes, bizcochitos similares a un polvorón. En el istmo  son muy famosos los marquesotes preparados con manteca  y canela; en Puebla se acostumbran los tlacotonales, pan redondo o con figura de muñeco que lleva grageas y sal. En Tlaxcala se prepara el pan totepo, redondo y pequeño  

 

Con protuberancias en medio, o pan de ánimas, en forma  de lenguas, blanco y colorado.

 

En Michoacán se hace el pan de hule, que es moreno, redondo alargado en forma de colchón, y lleva en la superficie dedicatorias, a manera de broma, al esposo, al novio, a la suegra. En Veracruz se hace la torreja ; en este caso, varias  rebanadas de bollos dorados  en aceite van a dar a una cazuela cubierta de miel, pasitas, nueces, almendras piñones y queso, para luego bañarlos con una  miel espesa de piloncillo, canela, pimienta y anís.

 

Gran parte de la ofrenda se concentra en los dulces que se preparan para la ocasión. Los dulces de  muertos  pueden  ser de azúcar, alfeñique ,amaranto, pepita de calabaza, chocolate, higos, biznagas, tejolotes, caña, guayaba etcétera. Es muy común  hacer la calabaza en tacha , preparada en grandes trozos, y a la  que  se echa  en miel de caña hirviente con canela. En Puebla  y Guanajuato se hacen los alfeñiques con azúcar, clara de huevo, gotas de jugo de limón y una planta que se llama Chaucle; moldeados con las manos, se les da forma de puerco, perros, leones y otros animales, o de frutas y alimentos, y se tiñen de colores para hacerlos más vistosos.  

 

Otros manjares que se colocan en la ofrenda son las frutas de la estación : tejocotes, jícama y plátanos, así como las frutas introducidas por los españoles, como la naranja, las mandarinas, las limas la caña de azúcar y las manzanas, enriqueciendo la ofrenda indígena.  

 

La bebida

 

Todo altar de muertos debe incluir las bebidas para saciar la sed del muerto y darle también el gusto de tomar eventualmente un buen trago. La bebida más común  es el agua simple y pura, que aparece como ofrenda en distintas culturas del orbe desde tiempos remotos. Entre las bebidas típicas se encuentran  las hechas a base de maíz : los diversos atoles a los que se les ha incorporado leche, piloncillo, azúcar y canela, que por ser dulces usualmente  se encuentran en los altares dedicados a los niños, junto con algún vaso de leche. En el sur del país se toma el pozol hecho de maíz, cacao y achiote y se toma fresca. También es común ofrecer a los muertos una buena taza de chocolate.

 

Las bebidas alcohólicas aparecen constantemente  en los altares. En algunas zonas  del país  se pone pulque, bebida autóctona que ase utiliza intensamente  desde tiempos prehispánicos en festejos  y  ceremonias. También  hay cerveza, tequila y mezcal, los dos últimos destilados de maguey. En Michoacán toman charanda, ron en Veracruz y comiteco en Chiapas, los yucatecos ponen Xtabentún o Carabanchel,que son típicos  de la región . en general, se incluye en el altar la bebida preferida del difunto para darle gusto, aunque  a veces no falta quién  se pase de vivo y aproveche la ofrenda para robárselo al muerto.

 

Las flores 

 

La flor típica para ofrendar a los muertos es el cempasúchil, aunque no es la única, flor de la temporada, de color amarillo ardiente, cuyo significado en náhuatl es “veinte hojas”, llamada así por sus numerosos pétalos. Ella aparece en casi todos los altares de muertos en México. Con los pétalos de cempasúchil esparcidos en el suelo, del altar a la puerta de la casa se forma un camino, que por su color encendido como el sol sirve para iluminar y orientar el alma del muerto para que no se extravíe.

 

Actualmente, a lo largo de la República mexicana se utiliza una gran diversidad de flores y plantas durante la celebración de Días de Muertos, que también tienen su significado funerario, como la pata de león, la cresta de gallo, las flores de coco, que usan en Oaxaca, las gladiolas, las flores de pascua y la nube en Puebla. En Tlaxcala,  para quienes murieron en accidentes y para los nonatos se usan claveles, alhelíes y  rosas. En Veracruz las cabezonas y la flor de tihuixtle; en el Distrito Federal las gladiolas los terciopelos y las chaquiras; los zoques adornan sus altares con la flor de seda, que es roja y otra amarilla que llaman musé; en Chiapas se utilizan rosas, gladiolas, tulipanes, alcatraces, antorchas, margaritas, crisantemos y hortensias.

 

Las imágenes 

 

Como los altares están dedicados a alguna persona en especial, se suele colocar alguna foto suya.

 

En tiempos recientes, sobre todo en las ciudades, se acostumbra dedicar ofrendas a personajes públicos poniendo fotografías, como es el caso de ofrendas a  Diego Rivera, Frida Kahlo o Pedro Infante. El altar se acompaña también con imágenes religiosas de santos y vírgenes, según la devoción de cada familia.

 

Las velas y el incienso 

 

Entre los muchos adornos y elementos que se usan en la ofrenda son indispensables el incienso, el copal y las velas. En los altares indígenas se suele quemar copal en un sahumador, pues se considera que el humo esparcido sube por el aire, inundando el espacio entre la tierra y el cielo, logrando así la comunicación con dios.

 

De todas las ofrendas, tal vez la más antigua y universal sea la de dar luz o iluminar a los difuntos, así lo hacían los egipcios, romanos y griegos. Para el caso de México, tanto españoles como indígenas realizaban este rito, de manera que actualmente es un elemento central en toda ceremonia de muertos. Para ello se preparan velas de colores, de formas y tamaños diversos, o veladoras que iluminan el camino de nuestros muertos.

 

Otros elementos que se suelen colocar en el altar son objetos que el individuo utilizó o le fueron muy queridos en vida, como sus herramientas de trabajo, que recuerdan el alma del finado su oficio,

 

O sus objetos personales que le son familiares y lo confortan en su retorno a la tierra.

 

 

 
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